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martes, 20 de marzo de 2018

Afganistán, Gwan (Kapasia)

El día estaba despertando cuando aterrizaba en la base militar francesa, Hugo Fournier, procedente de Paris. A pie de escalerilla, del avión Transall C. 160, era recibido por el teniente, disculpando al capitán por estar en una reunión militar de la OTAN. El general Fournier, con el pensamiento puesto en su próxima jubilación, saludaba a la bandera y pasaba revista a la tropa que le rendía honores. El general observó un objeto semienterrado debajo de una mesa plegable que estaba a la entrada del barracón de oficiales, al llegar junto a ella, se agacho, lo desempolvó y despidió al teniente, con una sonrisa, hasta la cena. El teniente, sin entender nada de lo acontecido, con el rostro sonrojado le devolvió el saludo militar al general y se alejaba.
Sin ostentaciones, el general se disponía a pasar los meses que le llevarían a la reserva en Paris. Su familia desfilaba en su memoria, en su recuerdo, las fiestas y cumpleaños y en sus ojos los ausentes, cada vez más numerosos. Cerrada la puerta de su despacho, se quitó la chaqueta y la boina, se volvió a sentar en el sillón y abrió el objeto enterrado. Un dossier lo ponía en alerta. Un dossier escrito en latín y en árabe:
“Estas son las fotos de la Cruz. Os aportamos la documentación necesaria para hacer la peregrinación con acceso libre a todos los lugares católicos, y un detallado mapa de la Cruz de Caravaca, sita en el pueblo que lleva su nombre. El pueblo se encuentra en Murcia, España. La Cruz, cuya fama cruzó el Océano Atlántico, fue protegida por los templarios, al poseer un Lignum Crucis. Sabemos que está resguardada en la basílica de ese pueblo y a la que tienen acceso todos los peregrinos que hacen el camino. Una vez que entréis para abrazarla, la cambiáis por otra. Esa información la conoceréis más adelante. La ruta comienza en San Juan Pie de Puerto pasando por Pamplona, Puente la Reina, Artajona, Castejón, Tudela, Tarazona, Calatayud, Daroca, Calamocha, Alfambra, Teruel, Libros, Ademuz, Mira, Venta del Moro, Casa de Ves, Alcalá del Júcar, Montealegre del Castillo, Ontur, Jumilla, Calasparra, Moratalla y final del trayecto, Caravaca de la Cruz. Al ser una ruta antigua, y gran parte de ella seguida por templarios, debemos de observar cada detalle que nos indique cualquier secreto escondido de la orden del temple o de los masones. El Arca de la Alianza, el Santo Grial, el Pergamino de cobre... Todo lo que nos indique que somos los dueños de este mundo. Que no os tiemble el pulso ante cualquier infortunio. Que la luz os ampare. Seguiremos en contacto.”
Volvía a releerlo pausadamente y analizando todos los datos, y siendo un contratiempo para el mundo occidental, su mayor preocupación era saber, si el insidioso, estaba entre sus hombres. Se levantaba y se sentaba una y otra vez, dando vueltas alrededor de una mesa que estaba en el centro, con las manos enlazadas a la espalda y la cabeza inclinada mirando el suelo. Al cabo de media hora decidió llamar a su superior e informarle, en la clave pactada para los asuntos delicados, lo que acababa de encontrar. El capitán general francés meditaba todo lo que le estaba diciendo y llegó a la conclusión de que debía de informar a su amigo, el general de división del aire español, Óscar, destinado en Bruselas como miembro de los servicios de inteligencia de la OTAN.

 Óscar miraba, a través de los ventanales de su despacho, como los niños jugaban con los charcos que la lluvia iba dejando a su paso. Recordaba los barrancos y las presas de su isla de Gran Canaria; de lo agradecida que era con la lluvia cuando le regalaba un nuevo manto para su tierra. Pero el teléfono lo devolvió a Bruselas, era su amigo el general Fournier, del que aprendió que todo lo que estaba fuera de lugar, era sospechoso.
 Óscar, tienes que venir aquí y echar un vistazo a un regalo, parecido al de Irak, para tu señora. Lo encontré semienterrado entre la tierra del campamento. No está hecho ni Europa, ni en América, pero tiene su atractivo.  Ok, no digas nada que puede estar escuchando mi esposa. Hablaré con mis superiores para que vengas lo antes posible a Bruselas. Que prime la discreción.  No te preocupes, Óscar. El regalo para tu esposa estará a buen recaudo. Nos vemos la semana que viene, el miércoles, si es posible. Un abrazo.  El miércoles está bien. Otro abrazo, amigo.
La lluvia escampaba de Bruselas cuando el general entraba en el despacho de su amigo Óscar, dándose un afectuoso y fuerte abrazo. No paraban de intercambiar información y opiniones sobre el dossier encontrado durante casi dos horas. Cuando el sol estaba en lo más alto, dieron por terminada la reunión hasta después del almuerzo. Una vez que el general salió del despacho, Óscar llamaba a su superior para informarle, y como mariscal del Temple, también informó al Maestre.



Reino Unido, Somerset

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